Edel Quinn y la botella de agua caliente
Por Maurus Deegan, OSB(*)
www.edelquinn.org


  

La idea de que una botella de agua caliente pudiera bastar para llevar adelante un proceso de canonización es, por lo menos, algo no frecuente. En un tiempo llegué a preguntarme si la falta de noticias sobre la Causa de Edel no se debía a la botella de agua caliente. Si el Abogado del Diablo se dejara llevar de mi pensamiento, haría preguntas muy pertinentes sobre esa botella de agua caliente. Quizás no pidiera que fuera traída a Roma en presencia del tribunal eclesiástico, pero sí exigiría la presencia de algunos testigos de aquel sanatorio para preguntarles por qué un enfermo habría de ser tan arrogante e imprudente como para pasarse por alto las reglas normales del tratamiento médico. La joven mujer se encontraba seriamente enferma. Su preocupación, su providencial preocupación, era verse libre de su enfermedad. ¿Por qué todo este atolondramiento: Yo sigo mi propia preocupación?

¿Qué virtud había en retirar su botella de agua caliente? ¿La virtud de “hacer un sacrificio”? La obediencia es mejor que el sacrificio... Ese texto es una sabiduría inspirada, constantemente repetida a lo largo de los siglos. En el proceso de canonización el cometido del Abogado del Diablo es discernir precisamente dónde puede haber tenido una victoria el diablo. Ninguna virtud puede ser canonizable si es defectuosa en algún sentido. La virtud del sacrificio se presta particularmente al fracaso cuando se trata de la virtud de la prudencia. La prudencia no es, realmente, una virtud más. La prudencia es la madre de todas las virtudes. Si la prudencia falta, entonces la virtud no es perfecta. Incluso la caridad, sin prudencia, deja de ser caridad.

¿Fue Edel Quinn poco prudente? Tenemos otro ejemplo posterior, incluso peor, de su falta de prudencia. En una noche del frío invierno, al llegar a su convento de destino, se convenció de que no debía molestar a las Hermanas tocando el timbre. Se quedó, por tanto, en la calle hasta la mañana siguiente. ¿Has probado tú una noche semejante? Yo he pasado muchas noches como aquélla, pero nunca por propia elección, y nunca cuando tenía un resfriado. Ella estaba en las últimas etapas de una enfermedad pulmonar, y lo sabía. Las monjas que la recogieron a la mañana siguiente, también lo sabían. Dijo que lo había hecho por caridad para con las monjas. Imaginad la confusión de éstas. Yo mismo quedé asombrado al leer por primera vez este hecho. ¿No se le ocurrió a Edel que podría haber cogido una pulmonía? ¡Menuda caridad para las monjas el presentarse a las mismas con un caso clínico... sin olvidar que tenía una obligación de mantenerse a punto para servir a Nuestra Señora y a su Legión!

No siendo un buen amigo del Abogado del Diablo, no tuve más remedio que encontrar la manera de deshacerme de estos dilemas. No fue tan difícil. Antes de preguntarse: “¿fue prudente Edel Quinn?”, habría que hacerse esta otra pregunta: “¿qué es la prudencia?” Bien; ahora no puedo en este breve ensayo exponer todas las respuestas que encontré. Ni quiero tampoco responder por usted. Cada presidente podría decir en su próxima reunión: “Hagamos un rápido recorrido. ¿Puede dar cada miembro un concepto de prudencia, sacado del Manual?”

Prudencia, a mi juicio, es la virtud por la que un hombre aplica los principios a los casos concretos.
Prudencia es la virtud que permite ver tanto el conjunto como las partes. La prudencia sobrenatural nos da la capacidad de ver que el todo es más amplio que la tierra y que se extiende más allá del tiempo. La prudencia nos hace capaces de ver hombres y negocios (y las botellas de agua caliente) con la visión del Espíritu Santo de Sabiduría... que abarca de fin a fin, y pone suavemente todas las cosas en orden. La imprudencia es desorden, la incapacidad de distinguir las prioridades de la obediencia, lo esencial de lo accidental. “Ordena en mí mis amores”, es una antigua oración no muy conocida. Edel Quinn fue eminente en su capacidad de tomar decisiones, casi decisiones instintivas, sobre las prioridades.

La frase “casi instintivas”, no significa una dirección día a día por el Espíritu Santo. Por el contrario, esa clase de dirección es el contraste propio del mundo exterior de los espíritus. El contraste del Espíritu Santo es que no “prescinde” del espíritu humano. Respeta la libertad de espíritu que el Padre creó totalmente libre.

Yo soy tan libre como Dios Todopoderoso... o soy tan sabio, ni tan poderoso; pero igualmente libre. Dios nunca disminuye la libertad; porque Dios es amor y nos hizo para el amor. Si usamos la libertad para un amor que no “es Dios”, entonces estamos abusando de la libertad... la estamos usando fuera de su contexto, que es elegir libremente nuestro Primer amor, en quien encontramos atesorados todos los demás amores. Adán eligió mal sus prioridades y nos dejó una herencia de confusión. Jesús, el Hijo de Dios, que conoció siempre el camino del Padre, condujo nuevamente a la humanidad (a ti y a mí y a Edel Quinn) al verdadero uso de la libertad. Ni por un momento nuestras decisiones dejan de ser libres y deliberadas. Deliberadas quiere decir que se usa la mente, no que se prescinde de ella. Cuando Edel Quinn se reía de una botella de agua caliente, no decía que el “Espíritu Santo es amigo de las Botellas de Agua Caliente”. No dijo “rogaré al Espíritu Santo”... para después afirmar: “me dice el Espíritu...” Solamente decidió que no debía usar ninguna. ¿Por qué? ¿Era un suave inconformismo? ¿Era algo al margen del Espíritu Santo y de su forma de sabiduría?

Para hablar de alguna manera, sólo el genio del Espíritu Santo es el que conoce el camino por el que cada alma particular glorificará a Dios. La “Gloria” es la manifestación externa de la belleza interior y cada uno de nosotros somos el reflejo único de Su belleza. Desde el momento en que toma posesión de nosotros en el bautismo, conoce lo que el Padre se propone hacer de mi alma. He de vivir mi vida hora a hora dentro de esa providencia y he de elegir libremente mi modo de vida. Afirmar que “el Espíritu Santo me inspirará” de una forma precisa y particular, es reducir a la Sabiduría Divina a nuestro nivel mental. El espíritu humano no es un instrumento adecuado para medir el espíritu de Dios. Mis pensamientos no son vuestros pensamientos... mis caminos son incomprensibles. Lo que la mente humana puede hacer, por gracia, es responder. El misterio de la libertad del hombre frente a Dios, es que el hombre es tan libre en su acción como Dios en la suya. Sin embargo, la sabiduría teje de tal manera el modelo, que queda realizado el destino oculto de cada hombre. “Para los que aman a Dios todas las cosas cooperan a su bien”; comenzando por el primer pecado, al que la liturgia califica de “error feliz”.

Si Dios puede de esta manera vencer el mal, qué no hará con un alma que siempre le ha estado sometida, como lo estuvo Teresa de Lisieux, quien desde los trece años nunca dijo a Dios que no. Esto no significa que ella no cometiera errores. La santidad no es cuestión de imperfección de juicio. Es cuestión de amor. Es un asunto de motivación... De por qué uno hace una cosa.

El amor es sometimiento. Si uno se mantiene sometido a la presencia del Espíritu Santo de sabiduría, entonces vamos adquiriendo poco a poco “ese espíritu que habitaba en Jesús”, ya que el Espíritu es el Espíritu de Jesús. Repitamos una vez más... la gracia no cambia la naturaleza. Por naturaleza Edel Quinn era una estoica. El aguante era su medio nombre. Pero la naturaleza es precisamente el instrumento de acción. La persona es la que cuenta. Mira, la palabra “persona”... tiene su raíz en “sonare”, sonar. “Per” significa a través. Sonar a través del macizo de su naturaleza fue una persona enamorada de la Persona, Jesucristo, que nos “suena” a través de... bueno, no repitamos todo un tratado. Volvamos a la botella del agua caliente. Edel, por la época en que llegó al sanatorio, era una persona serena y confiada por hábito y por gracia. Se había hecho a sí misma fuerte por difíciles caminos. El Espíritu Santo previsor sabía lo que nadie sabía…; estaba destinada a Africa.

Un soldado que pasó cuatro años en guerra en la jungla de Birmania e hizo grandes safaris en Africa, me dijo que estaba maravillado de los largos viajes que ella había hecho en Africa. Incluso con su aptitud y firmeza, me dijo, debería haber pensado dos veces el ir de acá para allá a su paso. Nosotros oímos esto con la misma extrañeza con que usted oye su dormir al aire libre en las noches frías.

Se necesita ser muy duro y vigoroso para sobrevivir. El ejército te prepara para ello; Edel, de una manera inconsciente, se preparó para caminar sin tener en cuenta su cuerpo. Los hábitos se forman con actos ininterrumpidos. Una vez que introduces los actos contrarios, y empiezas “a notar facilidad” en ello, ya es como dejarse deslizar por una cuerda. Se pierden los estribos. Cuando su vocación se sintió quebrantada por su enfermedad, le bastaron cinco minutos para permanecer serena..., yo diría imperturbable. Su apariencia sonriente se había convertido en un hábito..., en algo que sólo necesitaba el toque de un botón para que se iluminase la gracia que llevaba dentro. De ahí su aguante. Cuando tomaba a risa una botella de agua caliente, sin el más mínimo propósito de “discutir” el asunto, actuaba totalmente de acuerdo a su virtud de la prudencia, que llevaba tan hondamente arraigada. Sin análisis, con una visión directa, sabía lo que se necesitaba en su caso especial. Sabía probablemente que no tenía cura. Su aguante le habría pedido mucho más..., pero eso se mantuvo prudentemente a costa del mero confort.

Por lo que se refiere al sueño y a las monjas que estaban preocupadas... veamos los hechos. Ella no tenía un resfriado. Vemos que San Ignacio hizo exactamente lo mismo y por la misma razón..., había que dejar descansar a las personas cansadas. Quizás tuvieran un pacto con nuestra Señora... envuélveme en tu manto y ya verás cómo no me viene mal alguno. De todos modos, la vida de estas dos personas revela que jamás hicieron tonterías. Tuvieron, por tanto, excelentes razones para su locura que sobrepasan nuestra manera tímida de pensar.

El Abogado del Diablo sabe todo acerca del diablo. Su arte consiste precisamente en el Discernimiento de Espíritus. La prudencia de Edel Quinn pudiera parecer locura a los hombres, pero el demonio quizás se hubiera visto satisfecho con su obediencia a los que querían verla echada en cama durante el tiempo de vida que le pudiera quedar. Yo me pregunto, ¿por cuánto tiempo? ¿Se habrían atrevido los médicos a prometer siete años, incluso inválida?

De todos modos, la indómita prudencia de Edel Quinn le hizo dirigir sus pasos a través de Africa, como un gigante con botas de siete leguas. Por Africa y por los corazones de un millón de legionarios, como una nueva Teresa de Lisieux, que inspira grandes hechos por Dios y por la salvación de las almas.

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El Padre Maurus, OSB, en su vida como laico fue bombero en su ciudad natal de Liverpool durante la Segunda Guerra Mundial y miembro de la Legión de María, después se hizo monje benedictino en Prinknash en octubre de 1947. Seis meses después, siendo aún un monje menor, fue enviado junto con otros cuatro monjes para restaurar la antigua abadía en Pluscarden. Fue ordenado sacerdote allí en 1952 y tuvo un papel de liderazgo en la comunidad como superior y maestro de novicios. Otro artículo escrito por el P. Maurus es Mi cita con Edel Quinn.

La abadía en Pluscarden fundada en 1230 por Alejandro II, es el único monasterio medieval en el Reino Unido todavía habitado por monjes.