La Causa de Edel Quinn
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En un link de este artículo va la copia de la carta escrita por EDEL QUINN al Hno. Frank Duff durante su viaje a Africa en 1936. Y en otro link, una copia de una carta recibida del Vaticano de parte del Santo Padre Pablo VI, con la que se agradecía por la carta original de Edel que le fue enviada al Papa con motivo de su ochenta cumpleaños.

La primera carta, escrita por Edel Quinn al comenzar su viaje como enviada, es única en la medida en que rompe con su habitual reserva. Y si una fotografía representa a una persona por fuera o de una manera parcial, esta carta traza toda la personalidad de Edel.

Su tono especial es la decisión; no tiene dudas ni desconfianzas. Sabe lo que piensa, aunque hayan cambiado de repente las circunstancias todas de su vida. El barco está alejándola de todo lo que ama y la está llevando a un mundo nuevo lleno de peligro para ella. Para la mayoría, ése sería un momento de debilidad. En su caso aquello sería para revelar su fortaleza.

Tan pronto como el grupo que le acompañaba se perdió de vista en el muelle, ella se fue a su camarote y empuñó la pluma. Normalmente escribía las cartas a máquina. Como observa el Cardenal Suenens, esta carta, que revela la riqueza de sentimientos, era para ella un último testamento. Tenía que manifestar cosas que debería haber dicho. Pero añade: "No quiero hablar otra vez de eso".

Una característica de la carta es su brevedad. Edel no se desbordaba en palabras como otras hubieran hecho en circunstancias semejantes. Eso no pertenecía a su carácter, pues nunca hablaba cosas innecesarias. No usaba dos palabras si una bastaba. Y así, según era típico en ella, compendió en una breve página lo que otros hubieran dicho en muchas.

Edel habla de la pena de los que acaba de dejar. Todos comprendían que se trataba de una separación final; ella más claramente que nadie, pues no pensaba regresar. Se había entregado por completo a su misión. Y no la pondría en riesgo ni la acortaría regresando a casa alguna vez.

¿Hasta qué punto le entristecía realmente el momento de la partida? Sólo, por así decir, de una manera externa, pues en su corazón ella sentía un inmenso júbilo; un júbilo que nadie ni nada le podía arrebatar. Contra toda esperanza humana, se le había otorgado su deseo supremo. Y ahora estaba entregada totalmente a su cumplimiento. Ya se habían desvanecido las emociones y los sobresaltos y no había nada que se le opusiera. Su vida destrozada se rehace y se alza con un impulso nuevo lleno de entusiasmo. Africa la está llamando, ¿cómo va a sentir pena? También los demás se alegrarán más adelante.

Completamente convencida, sabía que algo pasaría que haría que todos se alegraran de ella y de su labor. Esto resulta evidente de sus palabras; y Edel, según su modo de ser, no hablaba por hablar.

¿Cuál sería aquella conclusión triunfal de que hablaba? Sin lugar a duda ella vislumbraba algo, pero no podemos adivinarlo.

"Cualesquiera que sean las consecuencias", escribía, ¿En qué estaba pensando al decir esto? Algunos de los que la vieron partir temían que se tratara de un ataque de mareos en el Golfo de Vizcaya demasiado fuertes para ella. ¡Eso sería el colmo! ¡Imposible!

El Dr. Elías Margennis, en la sensacional junta que confirmó su misión de enviada, no anduvo con rodeos al hablarle de los peligros a los que se veía expuesta una persona afectada de debilidad. Ahora bien, Edel no era aprensiva en absoluto, y en cualquier momento del futuro demostraría idéntico estado de tranquilidad de ánimo. Ese era el tono permanente de su carácter; era así. ¿Y en qué se fundaba para ser así?

Es que su mente gravitaba en torno a Jesús y María. Cualquier situación la refería a ellos y su íntimo coloquio ininterrumpido imponía orden en sus ideas y las llenaba de un impulso sagrado. En un clima mental así no cabían inquietudes.

Sería difícil hallar una carta breve más llena de significado, pues tiene tanto que se necesitaría todo un volumen para comentarla adecuadamente. El hecho más trascendental es que lo que ella manifestó ha llegado efectivamente a suceder. Su trabajo se ha llevado ya a una multitud de almas a Dios; y todos los que sintieron pena por ella, sienten ahora gozo. Edel está en Proceso de Canonización.